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28 de julio, 2026

De emprendedora a estudiante STEM: la historia de Zvezda Damian

  • Zvezda Damian, ganadora de Impulso Chileno en 2020 y hoy beneficiaria de la beca Luksic Más Mujeres en STEM, la artista ha buscado distintas formas de sostener a su hija y hacer crecer la academia de arte que levantó hace 16 años en Arica. Entre sus obras destacan esculturas e instalaciones de la Virgen María elaboradas con materiales reciclados, que invitan a reflexionar sobre el impacto de los desechos humanos en el planeta.

Zvezda Damian (59 años) pasa sus días entre pinceles, acrílicos, óleos, materiales reciclados y conversaciones con sus alumnos. Hace 35 años que es artista visual, pero asegura que sigue aprendiendo. Hoy estudia Diseño Digital y Web, y es una de las beneficiarias de la beca Luksic Más Mujeres en STEM para estudiantes técnico-profesionales, que entrega un aporte mensual de 150 mil pesos de libre disposición para apoyar la realización de los estudios. Explica que está aprendiendo sobre esta disciplina porque está convencida de que entender el lenguaje digital es clave para enseñar y hacer visible su trabajo artístico.

Su historia comenzó mucho antes de entrar a una sala de clases. «Soy artista desde que nací», cuenta. De niña confeccionaba ropa a partir de prendas usadas. La necesidad de aprender y enseñar ha marcado toda su vida y hoy la lleva a la práctica en la academia de arte que levantó hace 16 años en Arica, un sueño que la acompañó durante décadas.

Convertir ese sueño en realidad no fue fácil. Como tantos artistas, sumado a que tenía que sostener a su hija, tuvo que combinar distintos trabajos para lograr levantar su proyecto. Pintó departamentos completos con brocha y rodillo, emprendió en distintos rubros y nunca dejó de buscar nuevas oportunidades. «Había que sacarla adelante, lo que hacemos todas las madres», resume.

Cuando llegó a Arica, en 2010, comenzó prácticamente desde cero. Armó su taller con lo que tenía a mano. Las primeras alumnas llegaron para aprender telar y, con el tiempo, la academia fue creciendo gracias al boca a boca. Hoy cuenta con atriles, caballetes y una prensa de grabado, y cada mes recibe a cerca de 20 alumnos, desde personas mayores que asisten por las mañanas hasta adolescentes que llenan el taller por las tardes.

Pero el espacio que creó va mucho más allá de enseñar técnicas artísticas. Para Zvezda, el arte también es una herramienta para acompañar a las personas. «Hablamos de la vida, de los planetas. Me cuentan sus cosas, juegan», explica. En tiempos donde a su juicio, los niños están «más conectados con un aparato que con ellos mismos», busca que el taller sea un lugar para reencontrarse con la creatividad y con otros. «Todas las artes te conectan contigo mismo. Quiero que empiecen a ver la vida con más colores», afirma.

Ese mismo espíritu la llevó a volver a estudiar. Aunque reconoce que no es sencillo iniciar una nueva carrera a los 59 años, especialmente para quienes no crecieron rodeados de tecnología, está convencida de que el mundo cambió después de la pandemia y que es necesario adaptarse. Asegura que su hija le cuenta a todos que su mamá está estudiando y que su ejemplo fue el impulso que necesitó su madre de 83 años para tomar un curso de computación en una municipalidad.

Su capacidad para reinventarse también quedó en evidencia durante la pandemia. En 2020 obtuvo el apoyo de Impulso Chileno de Fundación Luksic para comprar una herramienta para su emprendimiento, donde hace frutas deshidratadas y chocolates rellenos de naranja. Con las deshidratadoras adquiridas gracias al programa siguió elaborando sus productos, que hoy vende principalmente en su academia. Aunque reconoce que el negocio no ha sido tan rentable como esperaba debido a la alta competencia de alimentos ultraprocesados de bajo costo, nunca ha dejado de intentarlo.

La preocupación por el medioambiente atraviesa su obra. Muchas de sus creaciones invitan a reflexionar sobre el impacto de los residuos en el planeta y, especialmente, sobre la contaminación de los océanos. «Me entristece la cantidad de basura que va a parar al mar. Lo que yo puedo aportar es enseñarles a quienes tengo cerca», comenta. En sus clases aprovecha para conversar sobre el reciclaje y la llamada «isla de plástico», convencida de que el arte también puede generar conciencia.

Después de décadas dedicada a crear, Zvezda sigue persiguiendo el mismo sueño, un espacio donde el arte ayude a las personas a descubrir nuevas formas de mirar el mundo. Porque, como suele repetir a quienes llegan a su taller, «una persona con creatividad puede salir de mejor manera de cualquier desafío que se le presente en la vida».

Parte del taller de Zvezda trabajando en sus obras.
Parte del taller de Zvezda trabajando en sus obras.

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