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Caminos Globales
5 de January, 2026

Robyn Mildon, panelista de Caminos Globales 2026, analiza brechas en ciencias de implementación

En entrevista con el diario El Mercurio, la investigadora australiana y principal expositora de Caminos Globales 2026, conferencia bianual de Fundación Luksic, compartió su mirada sobre la brecha entre evidencia e implementación.

Existe una brecha entre lo que se sabe y lo que se hace: en ocasiones, la evidencia demora años en convertirse en acciones concretas e impide que las mejoras lleguen a quienes más las necesitan.

Las ciencias de la implementación buscan cerrar esa grieta, transformando hallazgos de investigación en prácticas que generen impacto.

‘En la evaluación de políticas se pregunta si funcionó o no una política, centrándose principalmente en si se lograron los resultados previstos. Por ejemplo, si mejoraron las calificaciones de lectura de un estudiante. En cambio, en las ciencias de implementación se pregunta cómo, por qué y bajo qué condiciones funcionó o no. Es decir, se analiza el proceso y no solo los resultados. Dicho en otras palabras, la evaluación comprueba si algo funcionó; la ciencia de la implementación explica cómo lograr que funcione de forma consistente y a gran escala, especialmente en entornos complejos del mundo real’, explica Robyn Mildon, especialista que lidera el Centre for Evidence and Implementation (CEI) y referente internacional en el desarrollo y ejecución de políticas y programas sociales basados en evidencia. La investigadora australiana es también la principal expositora de ‘Caminos Globales 2026’, conferencia bianual organizada por Fundación Luksic, que se llevará a cabo este miércoles.

Mildon señala que en educación, es especialmente común contar con diagnósticos sólidos, que luego cuesta convertir en acciones reales.

‘¿Qué explica esta brecha? Desde la experiencia internacional, varios factores tienden a interactuar. Por ejemplo, el diseño de políticas podría estar desconectado de las realidades de la implementación: los diagnósticos suelen describir lo que está mal, pero las soluciones se diseñan asumiendo condiciones ideales, como personal estable, gestión sólida, tiempo y recursos. Sin embargo, los colegios y establecimientos centrados en primera infancia operan bajo condiciones que las políticas a menudo no contemplan’.

Incide también la sobrecarga, siendo varias las escuelas a las que se les pide implementar múltiples reformas a la vez. ‘Las buenas iniciativas compiten por atención’, dice, agregando que otro factor que suele llevar al fracaso es el escaso compromiso de actores clave.

‘Cuando docentes y directores no participan en la formulación de soluciones, es posible que no vean cómo las reformas les ayudan a resolver sus problemas diarios’, señala la especialista.

Menos es más

Para cerrar estos vacíos, Robyn Mildon aconseja tener menos prioridades, siendo un número reducido de objetivos educativos más fáciles de mantener en el tiempo. La planificación debe incluir sesiones de capacitación, tiempo para practicar y adaptarse, así como considerar monitoreo para apoyar las mejoras (y no solo para ver si algo se cumplió o no).

El apoyo a líderes educativos y profesores es parte fundamental. ‘Las políticas funcionan cuando los educadores reciben orientación práctica, retroalimentación y apoyo continuo’, indica. Y una buena cultura de aprendizaje —agrega— es una donde ‘los datos se utilizan para ajustar en lugar de castigar’.

‘En todos los países aparecen señales tempranas, a veces durante el primer año, que indican si una reforma se está arraigando o está fracasando silenciosamente. Por ejemplo, los actores de primera línea pueden explicar la reforma con sus propias palabras’, explica Mildon. ‘Pueden explicar qué está cambiando en su práctica diaria y por qué. Esto demuestra una verdadera comprensión, no solo cumplimiento’.

Ocurre también que el apoyo llega antes de la rendición de cuentas y que ‘los datos iniciales y la retroalimentación cualitativa dan lugar a ajustes visibles. Esto demuestra que el sistema está aprendiendo’.

Las políticas eficaces ‘son inequívocas para profesores y alumnos. Por ejemplo, cuándo, dónde y cómo se restringen los teléfonos celulares (dentro de contextos escolares). Además, son viables en condiciones reales de los establecimientos educativos: una implementación exitosa alinea las normas con lo que los profesores pueden aplicar de forma realista a diario. En este caso, hemos visto que sistemas sencillos, como tener un locker especial para dejar los teléfonos, funcionan mejor que otras normas más complejas’, concluye la investigadora.

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