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Jóvenes
29 de octubre, 2026

Daniel Almonte, el profesor que busca transformar la educación y que fue uno de los 30 ganadores de los Premios LED 2026

El rector del Colegio Bicentenario Padre Alberto Hurtado, de la Región de Ñuble, fue uno de los 30 educadores reconocidos en los Premios LED 2026, en la categoría Innovación educativa y competencias para el siglo XXI. ¿Cómo fue su camino? Esta es la historia de una comunidad, desde 2019, busca ampliar las oportunidades de aprendizaje de sus estudiantes a través de nuevas asignaturas, formación musical y una cultura de colaboración entre docentes.

Cuando Daniel Almonte llegó en 2019 a la rectoría del Colegio Padre Alberto Hurtado, en Ñuble, el establecimiento ya había intentado, sin éxito, ingresar a la categoría de Colegio Bicentenario de Excelencia. Decidió volver a postular ya que ser parte de esta red permite acceder a fondos adicionales para modernizar la infraestructura y el equipamiento técnico, recibir acompañamiento pedagógico prioritario del Mineduc y poder adaptar el currículum nacional vigente para responder mejor a la realidad y las necesidades de sus estudiantes.

Junto a su equipo, decidió revisar el proyecto de la comunidad educativa de 180 profesionales y 1.180 estudiantes y hacerse una pregunta: ¿qué colegio soñaban construir? Con un nuevo documento fueron seleccionados como Colegio Bicentenario de Excelencia. Pero la preparación para postular al reconocimiento abrió una oportunidad para mirar la experiencia de sus estudiantes e identificar en qué podían mejorar. Observaron desafíos en la motivación, las expectativas académicas, la confianza en sus propias capacidades y la falta de protagonismo en el proceso de aprendizaje de los jóvenes que se traducía en una baja participación en los reforzamientos y en las reuniones y entrevistas con apoderados.

Para Daniel, la respuesta no podía limitarse a reforzar las asignaturas tradicionales. También había que escuchar a los estudiantes, conocer sus intereses y darles oportunidades para desarrollar sus talentos. 

Tras ocho años de trabajo para llevar adelante los cambios que se propusieron, Daniel fue uno de los 30 directores reconocidos con el premio Líderes Educativos Directivos (LED), entre 60 finalistas. Recibió el galardón en la categoría Innovación educativa y competencias para el siglo XXI. Organizado por Fundación Impulso Docente, Fundación Mustakis y El Mercurio, el premio reconoce a directores que están transformando la educación en Chile. 

“Mi motor principal es un amor profundo por querer transformar la vida de los jóvenes que menos tienen y transformar eso en oportunidades. Hemos llevado a la práctica el proyecto con mucha pasión, y los equipos se han entusiasmado con la mejora continua”, dice con orgullo Daniel.

“Tenemos la suerte de trabajar desde hace cuatro años junto al Colegio Padre Alberto Hurtado y de conocer de cerca las innovaciones que han impulsado para mejorar los aprendizajes y darles un rol más protagónico a sus estudiantes. Un ejemplo es su trabajo con el programa Redes Educativas para la Mejora de Aprendizajes (REMA). Además de aplicar esta metodología en Lenguaje y Matemáticas, a través de la grabación de clases y la retroalimentación entre docentes y de especialistas, han decidido extenderla a otras asignaturas. Es una muestra de cómo la confianza en los docentes y el trabajo colaborativo pueden abrir nuevas oportunidades para mejorar los aprendizajes de los estudiantes”, valoró Macarena Cea, gerente general de Fundación Luksic.

Trabajo con emociones, formación musical y plurilingüismo 

El camino comenzó con experiencias pequeñas, que fueron ajustando a medida que observaban sus resultados. Una de ellas fueron las clases de emociones para que los niños pudieran aprender a autorregularse, a manejar los conflictos, a escuchar y cuidar al compañero, explica Daniel. Lo que asegura ha tenido como resultado menos casos de convivencia.

La formación musical fue otra: la orquesta partió con siete estudiantes y hoy reúne a cerca de 100. Y, en total, más de 400 alumnos, desde prekínder hasta cuarto medio, participan en lo que decidieron llamar “Aulas abiertas de educación musical”, donde pueden aprender instrumentos como violín, violonchelo, flauta traversa y percusión.

La propuesta busca que los estudiantes encuentren espacios para desarrollar sus intereses y fortalecer habilidades como la perseverancia, la autonomía y el trabajo en equipo. “Hemos visto que desarrollan todo su potencial haciendo lo que les gusta y así tienen mejores resultados en Matemáticas. No es darles más horas de Matemáticas, es darles cosas que les gustan”, plantea Daniel.

La misma lógica se extendió a otras áreas. En Lenguaje Digital, una asignatura diseñada colaborativamente por los docentes, más de 500 estudiantes de quinto básico a segundo medio desarrollan habilidades tecnológicas. A partir del interés que despertó, el colegio incorporó aulas abiertas de programación, robótica y pensamiento computacional.

También implementaron un programa de plurilingüismo que, además del inglés, permite a los estudiantes elegir entre chino y alemán. Las certificaciones internacionales y los intercambios, asegura que han ampliado sus oportunidades de aprendizaje y acercamiento a otras culturas.

Más que sumar actividades, explica Daniel, el objetivo es dar sentido a lo que aprenden y prepararlos para desenvolverse en un mundo globalizado. “Se trata de escuchar a los jóvenes, qué les gusta y no solamente quedarnos en el reforzamiento y en la asignatura tradicional”, dice.

Una cultura de confianza para mejorar las clases

Para sostener estos cambios, el colegio también ha trabajado en la forma en que sus profesores preparan sus clases y colaboran. A través de Redes Educativas para la Mejora de Aprendizajes (REMA), programa de Fundación Luksic, los docentes empezaron a grabar sus clases, a analizar los videos y recibir retroalimentación para identificar oportunidades de mejora.

Dentro de este trabajo están las Comunidades de Aprendizaje Profesional, en las que los profesores se reúnen periódicamente para revisar sus prácticas, observar clases de sus pares y compartir estrategias. La idea es que la observación no tenga un carácter punitivo, sino que sea una oportunidad para reflexionar y mejorar en conjunto.

Antes, recuerda, la observación de aula se hacía una o dos veces al año, podía ser alguien del equipo directivo o una empresa externa y tenía carácter evaluativo, “no se evidenciaban procesos de reflexión pedagógica ni espacio de colaboración docente”, asegura Daniel. “REMA nos ha hecho mirarnos, ver cómo podemos mejorar y así potenciar más a nuestros niños y jóvenes”, agrega.

Para el Rector, esta forma de trabajar requiere confianza y un propósito compartido: que los docentes tengan autonomía para proponer cambios y que las decisiones se traduzcan en mejores oportunidades para los estudiantes. Explica que el clima del aula y el vínculo con los profesores son parte de las condiciones que permiten aprender.

Esa mirada y las innovaciones implementadas han ido acompañadas de una mejora en los resultados académicos del colegio respecto de mediciones anteriores, aunque estos han presentado algunas variaciones en los últimos años. 

Estas cifras, explica, forman parte de un proceso de mejora más amplio, que combina el trabajo académico con iniciativas orientadas a la motivación y el desarrollo integral. “La integración de habilidades del siglo XXI responde a nuestro Proyecto Educativo Institucional (PEI), comprometido con la igualdad de oportunidades y la formación de estudiantes preparados para los desafíos de una sociedad globalizada”, explica.

El camino que llevó a Daniel Almonte a recibir el premio LED comenzó con una pregunta sobre el colegio que querían construir. Hoy, esa búsqueda se expresa tanto en las oportunidades que encuentran los estudiantes como en una cultura de colaboración y confianza entre quienes los acompañan en su aprendizaje.

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