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Jóvenes
16 de octubre, 2026

¿Qué motiva a los profesores a enseñar? Tres docentes cuentan sus historias

En el Día del Profesor, Mario González, Franco Cabezas y Gisela Ojeda comparten las razones que los llevan a enseñar y cómo han incorporado nuevas herramientas para conectar con sus estudiantes y fortalecer sus aprendizajes.

“Son brillantes”, dice Mario González (39) cuando habla de sus alumnos. El profesor de Matemáticas le hace clases a cerca de 170 jóvenes. Hace seis años llegó al Liceo Técnico Clotario Blest Riffo, en la comuna de Pedro Aguirre Cerda, en la Región Metropolitana, y asegura que su desafío diario es “tomar la motivación con la que vienen -que no siempre es alta- y multiplicarla”.

Para él, una parte de ese trabajo consiste en lograr que las matemáticas dejen de ser algo ajeno a la vida de sus estudiantes. ¿Cómo hacerlo? Explica que con problemas que les resulten cercanos, como calcular cuánto cuesta pagar la micro, y actividades en las que puedan discutir, proponer soluciones y aprender entre ellos.

“Lo que me hace levantarme cada día son los chiquillos. Son brillantes, pero muchas veces su contexto les muestra otros caminos, por eso es aún más importante que se diviertan aprendiendo”, dice.

Esa convicción también lo llevó a revisar su propia manera de enseñar. A través de su participación en Redes Educativas para la Mejora de Aprendizajes (REMA) de Fundación Luksic, pudo incorporar nuevas herramientas para planificar sus clases y promover la interacción entre sus estudiantes. El programa busca fortalecer los aprendizajes en Lenguaje y Matemática de estudiantes de primero y segundo medio de liceos técnico-profesionales a través del trabajo con profesores enfocado en la interacción en el aula y su bienestar.

Una de las cosas que aprendió fue a prestar atención no solo a lo que ocurre durante una actividad, sino también a cómo llegan los jóvenes a la sala. Preguntarles cómo se sintieron, qué les costó y si hubo algo que les impidió aprender se convirtió en una forma de entender lo que les sucede y tener una mejor clase.

Aprender también entre profesores

La posibilidad de revisar la propia práctica y conversar sobre ella con otros docentes es uno de los ejes de REMA. El programa contempla observación y retroalimentación de clases, formación en interacciones dentro del aula y espacios de trabajo colaborativo para que los equipos educativos puedan probar estrategias, analizar sus resultados e identificar oportunidades de mejora. La formación cuenta con la participación del Centro para la Transformación Educativa de la Pontificia Universidad Católica de Chile (CENTRE UC).

Para Mario los encuentros entre docentes, donde podían analizar clases grabadas de sus colegas eran una oportunidad para compartir experiencias, crear estrategias en conjunto y encontrar apoyo. Hoy, cuenta Mario, la alta rotación de profesores y la falta de tiempos destinados a reunirse han hecho más difícil mantener esos espacios, que considera importantes tanto para el trabajo docente como para su bienestar.

Agrega que uno de los aprendizajes más importantes fue entender que mejorar una clase también requiere experimentar. “La innovación solo se consigue con la prueba y error”, plantea. 

Creer en lo que pueden lograr

En el Liceo Eduardo Charme, de San Fernando en la Región de O´Higgins, Franco Cabezas (35), también profesor de Matemáticas y quien fue parte de REMA al igual que otros más de 400 docentes desde su formación en 2021, explica que su día a día tiene un desafío: cómo ayudar a los estudiantes a reconocer sus propias capacidades, especialmente cuando ellos mismos dudan de lo que pueden lograr. 

“Me sigo levantando cada mañana creyendo que mis estudiantes pueden dar más. Muchas veces,  no creen en ellos mismos, pero yo sé de todo lo que son capaces porque me lo han demostrado”, cuenta.

Al igual que Mario, en su experiencia, conocer a los jóvenes es parte del trabajo pedagógico. Hablar de cómo llegan a clases, si algo les preocupa o si están pasando por una situación difícil puede hacer la diferencia a la hora de aprender.

En su establecimiento, algunas de las prácticas que conoció a través de REMA siguen presentes, como la observación de clases entre colegas y las conversaciones de retroalimentación. 

“Lo que logra REMA es que se pueda trabajar colaborativamente entre docentes, gracias a las reuniones”, explica. Para él, observar la clase de otro profesor y conversar después sobre lo ocurrido permite abrir una conversación profesional que incluso puede extenderse más allá del tiempo que duró la observación. Un intercambio, asegura, que ayuda a compartir herramientas.

Para Gisela Ojeda (42), profesora de Lenguaje del Instituto Comercial Osorno, en la Región de Los Lagos, la motivación para llegar cada mañana a la sala de clases está vinculada a su vocación. Enseña desde 2010 y llegó a ese establecimiento en 2022, donde trabaja con cerca de 150 jóvenes. Allí también participó en Redes Educativas para la Mejora de Aprendizajes (REMA), una experiencia que le permitió compartir con otros docentes y adquirir herramientas para su trabajo en el aula.

“Tengo una responsabilidad con mis estudiantes y con sus familias, que han puesto un sueño en nosotros. Ir cada mañana a trabajar es sembrar algo, generar un cambio, incluso escucharlos y darles ese empujoncito que yo alguna vez recibí en el mismo liceo donde hoy hago clases”, dice.

Su testimonio vuelve a una idea que atraviesa las experiencias de los tres docentes: la importancia de que los estudiantes encuentren en sus profesores a alguien que confíe en ellos, incluso cuando muchos de ellos aún no reconocen sus propias capacidades.

El programa Redes Educativas para la Mejora de Aprendizajes (REMA) es un programa de la Fundación Luksic que ha trabajado con más de 400 profesores a nivel nacional, promoviendo una mejora en las interacciones en el aula y el propio bienestar para mejorar los aprendizajes en Lenguaje y Matemática de estudiantes de primero y segundo medio de liceos técnico-profesionales.

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