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6 de noviembre, 2026

Una experiencia que amplió sus horizontes: Nicolás Isamit y su paso por Sciences Po

Tras estudiar Ciencia Política y realizar su práctica y trabajar como asesor político en el Ministerio de Relaciones Exteriores, Nicolás decidió dar un paso que llevaba años soñando: especializarse en seguridad internacional en Sciences Po, Francia. Gracias a la Beca Luksic, comenzó un magíster que no solo amplió sus oportunidades académicas y profesionales, sino que también transformó su manera de entender el mundo. Hoy comparte los aprendizajes de esta experiencia y entrega sus consejos a quienes sueñan con estudiar en el extranjero.

“Si eres la persona más inteligente de la habitación, entonces estás en la habitación equivocada”. Para Nicolás Isamit, esta frase cobró un significado especial cuando llegó a París para estudiar un magíster en Sciences Po. Después de una destacada trayectoria académica en Chile, donde fue el mejor alumno de su generación de Ciencia Política, se encontró por primera vez en un entorno donde cada compañero tenía una perspectiva distinta que aportar y mucho que enseñarle.

Pero su camino para llegar a Francia no fue directo. Primero estudió Cine, motivado por su interés en la fotografía, pero después de dos años sintió que necesitaba una carrera que le permitiera desarrollar otras habilidades e intereses. Siempre le habían atraído la historia, la estrategia y el análisis, por lo que en 2019 decidió comenzar nuevamente sus estudios, esta vez en Ciencia Política. Tras egresar en 2023 y realizar su práctica profesional y después trabajar como asesor político en el Ministerio de Relaciones Exteriores, comenzó a concretar un sueño que tenía desde hacía años: estudiar en el extranjero.

Su elección fue Sciences Po, una de las universidades más reconocidas de Europa. Buscaba especializarse en seguridad internacional, inteligencia y defensa, áreas que conectaban con su interés profesional y su aspiración de trabajar algún día en Interpol. Después de ser aceptado en 2023, postuló a la Beca Luksic, que le permitió dar el paso y comenzar el magíster en septiembre de 2024.

“Estaba muy feliz, ansioso de finalmente lograr un sueño que llevaba años persiguiendo. Pero también estaba nervioso por todo lo que significaba irse: estar lejos de mi familia, de mis amigos y empezar desde cero en un lugar donde no conocía a nadie”, recuerda.

El programa, de dos años de duración, aborda materias como estudios de inteligencia, ciberseguridad, política exterior, asuntos europeos y análisis geopolítico. Una formación exigente que también significó enfrentarse a una dinámica académica diferente.

Isamit cuenta que en Chile se cultiva el pensamiento crítico, pero en Sciences Po eso se llevaba a la práctica constantemente. «En cada presentación teníamos que incorporar críticas al autor o a la teoría que estábamos estudiando, sin importar si estaba o no en la rúbrica de evaluación”, cuenta Nicolás.

Pero fue precisamente esa diversidad de miradas lo que más marcó su experiencia. “En París nunca estuve en la habitación equivocada. Todos mis compañeros tenían un punto de vista interesante sobre algo. Nada es tan simple como parece. La mayor parte de las enseñanzas que tuve fueron a través de otros estudiantes”, explica.

Nicolás también comenzó una nueva vida. Actualmente trabaja en logística internacional en una empresa de logística ubicada en las afueras de París. Su jornada comienza temprano y gran parte de su trabajo consiste en coordinar operaciones y resolver imprevistos en cadenas de suministro que conectan distintos países. A esto se sumó el desafío de vivir lejos de su familia y amigos, aprender a desenvolverse en otro idioma y construir una red de apoyo desde cero.

Aunque reconoce que no siempre es fácil, asegura que salir de Chile le permitió conocerse de otra manera y ampliar sus horizontes, tanto personales como profesionales. Durante esta etapa también tuvo la oportunidad de trabajar en la Delegación de Chile ante la UNESCO, viajar y conocer personas de distintas culturas y realidades.

“Antes tenía una idea del mundo que sentía bastante certera. Hoy soy mucho más receptivo y consciente de lo que hay a mi alrededor y de cuánto pueden enseñarme otras personas. Conocer a alguien que viene del Líbano, escuchar su experiencia y entender su historia es invaluable. Son aprendizajes que no encuentras en las noticias”, explica.

Al mirar hacia atrás, Nicolás comenta que el apoyo de Fundación Luksic fue clave para concretar un proyecto que llevaba años preparando. “Ojalá hubiera muchas más oportunidades como esta. Creo que no hay ningún apoyo como la Beca Luksic: es un faro para las personas que soñamos con estudiar en universidades de renombre. Es muy valorable lo que hace la Fundación, porque te cambia la vida”, afirma.

Para quienes hoy están pensando en postular, su consejo es atreverse, informarse con anticipación y llegar con disposición para aprender: “No va a ser fácil ni va a ser color de rosa, pero te va a cambiar la vida, y para bien. Uno va a tener miedo de tomar la decisión, de hacer los trámites y de aprender a vivir por su cuenta. Pero ese es justamente el momento en que hay que saltar y cumplir los sueños que uno tiene. Si uno no salta, se queda con las ganas. Los problemas se van solucionando en el camino. Es un viaje de aprendizaje”.

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